Financiación Del  Terrorismo

Financiación Del  Terrorismo

El GAFI define la financiación del terrorismo como el “financiamiento de actos terroristas y de terroristas y organizaciones terroristas”3. También puede abarcar la facilitación de actos terroristas en los que se usen otros activos o depósitos de valor (tales como, entre otros, petróleo o recursos naturales, bienes, documentos jurídicos o instrumentos financieros). La financiación también puede llevarse a cabo de manera indirecta, depositando valor en diferentes tipos de activos no financieros, tanto tangibles como intangibles.

Las Naciones Unidas definen provisionalmente el terrorismo como “Los actos criminales con fines políticos concebidos o planeados para provocar un estado de terror en la población en general, en un grupo de personas o en personas determinadas son injustificables en todas las circunstancias, cualesquiera sean las consideraciones políticas, filosóficas, ideológicas, raciales, étnicas, religiosas o de cualquier otra índole que se hagan valer para justificarlos”.

¿Por qué combatir la financiación del terrorismo?

Los atentados terroristas causan pérdidas de vidas, lesiones graves y pérdidas de bienes y fomentan un clima de miedo, lo que socava la seguridad de los ciudadanos. Los ataques de este tipo son cada vez más frecuentes, y pueden perpetrarse a pequeña o a gran escala, en colaboración o a manos de personas que actúan en solitario. La actividad terrorista se puede propagar fácilmente mediante la difusión de material en Internet orientado a la radicalización y el extremismo violento autóctono, lo que ha dado lugar a la comisión de atentados terroristas con artefactos explosivos improvisados, armas de fuego, armas blancas y vehículos.

Se ha observado un importante aumento de las ideas radicales en la escena política de muchos países. Esta situación representa una amenaza en cuanto a la voluntad de cometer atentados terroristas. Por otra parte, los movimientos nacionalistas extremos también pueden representar una amenaza a la vida y la estabilidad de las naciones y los procesos democráticos. Estos grupos que contemplan o llevan a cabo actos terroristas también necesitan financiación para lograr sus cometidos.

Contexto jurídico

La mayoría de los países han aprobado legislación destinada a combatir la financiación del terrorismo. Los inspectores y auditores fiscales deben conocer las repercusiones que esa normativa tiene en su labor. Por ejemplo, la legislación podría permitirles o exigirles que intercambien información con las autoridades competentes cuando sospechen que se está cometiendo un delito de financiación del terrorismo o de terrorismo. En algunos casos, podría incluso facultarlos para prestar apoyo directo en la investigación. Los inspectores y auditores fiscales también deben conocer sus políticas y procedimientos nacionales relacionados con dicha legislación y respetarlos en el marco de su labor.

Proceso de financiación del terrorismo

El proceso de financiación del terrorismo abarca los siguientes aspectos:

  1. recaudación de fondos de diversas procedencias con intención de usarlos para apoyar

a la organización terrorista;

  1. depósito de los fondos mientras se determina y se planifica su uso;
  2. transferencia de los fondos como y cuando se necesite;
  3. uso de los fondos según sea necesario para promover los objetivos de la organización terrorista.

El modelo de financiación del terrorismo que figura a continuación ilustra las cuatro etapas del proceso.

1.Recaudación

Las fuentes de apoyo financiero empleadas habitualmente para la financiación del terrorismo son i) las donaciones directas realizadas por personas físicas y organizaciones;

1. ii) el uso de organizaciones benéficas y sin fines de lucro; y iii) la actividad delictiva.

Donaciones directas: las fuentes de este apoyo financiero son, principalmente, fondos legítimos, en cantidades grandes y pequeñas, aportados por personas físicas y jurídicas, organizaciones sin fines de lucro o empresas, y, en algunos casos, otros países. Este tipo de fuentes abarcan sueldos y salarios, prestaciones sociales, donaciones personales y beneficios empresariales. Las personas físicas pueden aportar fondos procedentes de sus fuentes de ingresos o apoyo personales o familiares; es posible que lleven a cabo llamamientos para la recaudación de fondos a pequeña escala en sus comunidades locales (por ejemplo, vecindarios, lugares de culto, etc.); o llamamientos más amplios a través de Internet, como en los medios sociales y los sitios web de financiación colectiva. Los donantes pueden conocer o no el objetivo último al que se han destinado sus fondos.

Organizaciones benéficas y sin fines de lucro: aunque la gran mayoría de las organizaciones benéficas son legítimas y llevan a cabo una labor importante, el GAFI ha reconocido que este sector puede ser particularmente vulnerable al uso indebido para fines de financiación del terrorismo. Las organizaciones benéficas y sin fines de lucro y otros llamamientos similares orientados a apoyar a “las personas necesitadas” resultan particularmente atractivos para los agentes que financian el terrorismo, por diversas razones. Tienen capacidad para conseguir fondos de una amplia gama de posibles donantes entre su público debido al alcance emocional de ayudar a las poblaciones vulnerables o que sufren, y muchos gobiernos alientan a donar dinero a las organizaciones benéficas permitiendo que los contribuyentes se deduzcan el valor o un porcentaje de sus donaciones. Si las organizaciones benéficas también manejan efectivo, es más difícil rastrear la asignación, el movimiento y el uso de los fondos. Algunas organizaciones benéficas tienen presencia en todo el mundo y ya trabajan en zonas de conflicto donde tal vez estén operando organizaciones terroristas, o tienen acceso a otros grupos ubicados cerca de tales zonas.

Actividad delictiva: algunas organizaciones terroristas cuentan con redes delictivas independientes para recaudar fondos. El tráfico de drogas, el fraude, la ciberdelincuencia y los delitos de cuello blanco son actividades ilícitas habituales relacionadas con la financiación del terrorismo. En el caso de personas físicas como los combatientes extranjeros y los extremistas violentos autóctonos, se han detectado tipologías como el abuso de programas públicos de asistencia y prestaciones y la creación de reembolsos ficticios. Durante el proceso, es probable que estos productos de origen delictivo se laven antes de destinarlos a objetivos de financiación del terrorismo. A veces las organizaciones terroristas que ocupan grandes zonas confiscan los activos financieros públicos y los recursos naturales del territorio que está bajo su control. Los activos y los recursos no monetarios (tales como antigüedades, petróleo crudo, gas natural, minerales, metales preciosos y gemas) deberán monetizarse, por ejemplo, a través de ventas clandestinas o en el mercado negro, a fin de proporcionar fondos para uso cotidiano de la organización terrorista. Esos mercados negros pueden operar en gran medida fuera de los territorios o países donde están ubicados los terroristas.

2. Depósito

El depósito de los fondos se puede llevar a cabo por medios como los siguientes: cuentas bancarias y de otro tipo;

  • tarjetas de prepago;
  • grandes cantidades de dinero en efectivo;
  • productos básicos de gran valor, como petróleo, obras de arte o antigüedades, productos agrícolas, metales preciosos, gemas y vehículos usados;
  • criptomonedas.

3. Transferencia

  • Entre los mecanismos conocidos para la transferencia se incluyen los siguientes:
  • sector bancario y financiero;
  • sector de las remesas, como, por ejemplo, una empresa de servicios monetarios

autorizados;

  • sistemas informales de transferencia de fondos (por ejemplo, hawala) y agencias de cambio;
  • contrabando de grandes sumas de dinero en efectivo;
  • contrabando de productos básicos de gran valor, como petróleo, obras de arte o antigüedades, productos agrícolas, metales preciosos, gemas y vehículos usados;
  • criptomonedas.

4. Uso

Algunos ejemplos de uso de los fondos para fines terroristas son:

  • organizaciones terroristas: armas y materiales, fines administrativos y gastos generales, medios de comunicación y mensajería, captación y adiestramiento, apoyo financiero personal y familiar, equipos de comunicaciones, transporte, pago de sobornos, vivienda, planificación y preparación de misiones para perpetrar actos terroristas;
  • combatientes extranjeros: servicios de viajes, gastos de pasaporte o visado, equipos de supervivencia, armas y adiestramiento de combate;
  • agentes solitarios y pequeñas células terroristas: armas y materiales, vehículos (comprados o alquilados), recursos financieros mínimos para abastecerse de alimentos, alojamiento, dispositivos de comunicación, transporte y cualquier otra adquisición que necesiten hacer para operaciones terroristas.

Algunos de estos usos son gastos cotidianos que resulta difícil relacionar con el terrorismo.

Tendencias de la financiación del terrorismo Un número considerable de combatientes extranjeros, tras ser adiestrados para luchar y, posiblemente, tras radicalizarse más aún en las zonas de conflicto, sobrevivieron a su participación en los combates, salieron del campo de batalla y regresaron a su país de origen. El problema relacionado con los combatientes extranjeros que regresan es que cometerán actos de terror en su país de origen o en los países vecinos. Al notificar comportamientos u operaciones sospechosas a la autoridad competente, la administración tributaria puede contribuir de manera decisiva a reducir la capacidad de los terroristas y de quienes les prestan apoyo financiero para cometer estos delitos violentos.

Otra tendencia se refiere a los agentes terroristas que actúan “en solitario”, que son muy difíciles de detectar. El análisis llevado a cabo tras los atentados ha mostrado que se pueden observar leves señales y pequeños rastros financieros. Los inspectores y auditores fiscales deben conocer este fenómeno y las circunstancias específicas que lo rodean.

El proceso de radicalización puede ser muy difícil de detectar y prever. Las personas radicalizadas pueden dividirse en dos grupos principales. En primer lugar, quienes se sabe que están relacionados con el entorno radical; y, en segundo lugar, quienes se inspiran en ideas radicales promovidas, por ejemplo, por organizaciones terroristas internacionales. Muy pocas veces se pueden observar indicios de este comportamiento, a menos que se tenga contacto directo con la persona que intenta ocultar su radicalización. El agente terrorista que actúa en solitario trata de controlar todo el proceso personalmente. Normalmente, el objetivo del proceso es adquirir los recursos necesarios para perpetrar el atentado. Cuando se elige cometer atentados a pequeña escala como opción táctica, las señales no suelen ser evidentes en los datos que pueden analizar o auditar los inspectores fiscales. Pero cuando el atentado presenta un nivel más complejo y el empleo de recursos es algo mayor, hay indicios que se pueden observar. Un agente terrorista que actúa en solitario puede llevar a cabo acciones complicadas, como fraude fiscal y fraude relacionado con el impuesto sobre el valor añadido, con el fin de acumular capital para prestar o proporcionar bienes inmuebles desde los cuales se puedan hacer los preparativos. Con frecuencia, para el fraude se empleará una sociedad registrada como pantalla, la cual también puede usarse para adquirir bienes (por ejemplo, fertilizantes u otras formas de productos químicos o bienes que deberían suscitar preocupación entre los minoristas o incluso ser denunciados por estos). A veces se usan una o varias sociedades para seguir ocultando el traslado de los bienes hacia el lugar del atentado y para disimular las posibles intenciones después del atentado o confundir a los investigadores al respecto, así como para ocultar la implicación de más personas. Al comprender el fenómeno de los terroristas autor-radicalizados que actúan en solitario, la administración tributaria puede remitir el caso a las autoridades competentes.

 

Semejanzas y diferencias entre el lavado de activos y la financiación del terrorismo

Los delitos de lavado de activos y financiación del terrorismo pueden cometerse en relación el uno con el otro, por ejemplo, cuando los fondos proporcionados a las organizaciones

terroristas son fondos “lavados”. Aunque las actividades de lavado de activos y financiación del terrorismo pueden tener atributos y tipologías similares, los tiempos y la orientación de sus operaciones son diferentes. En el lavado de activos, se presta especial atención a la procedencia de los fondos, mientras que la financiación del terrorismo se centra en el uso de estos. Por tanto, si bien es cierto que el secreto y la movilidad son atributos buscados tanto en el sistema de lavado de activos como en el de financiación del terrorismo, esta última no suele necesitar un componente de “ocultamiento” ni de “justificación con vistas a la integración” antes de la etapa en la que se usan los fondos. El lavado de activos es básicamente una operación circular: recaudar, procesar y “devolver” el producto del delito a los delincuentes. En cambio, la actividad de financiación del terrorismo es, en general, una progresión lineal que va desde la recaudación, el depósito y la transferencia hasta el uso de los fondos y los activos, con independencia de que procedan de fuentes legales o ilegales.

El auto-lavado tiene lugar cuando la persona que comete el delito facilita el lavado de activos por sí misma. Esta actividad también ofrece la posibilidad de observar la financiación del terrorismo y al “agente solitario”. Por ejemplo, los fondos económicos podrían recaudarse por iniciativa de la propia persona (trabajo ordinario, delincuencia u otros medios); el depósito podría indicar el establecimiento de una base financiera para el atentado; la persona podría desplazarse para obtener dinero o inversiones en lugares donde se pueda dar uso a esos recursos; y, posteriormente, estos podrían emplearse para el atentado. Todo el proceso corre a cargo de la persona física.

Así pues, es importante que los inspectores y auditores fiscales recuerden que, si bien es cierto que el lavado de activos y la financiación del terrorismo presentan semejanzas (por ejemplo, metodologías, movilidad y necesidad de secreto, entre otros aspectos), la finalidad, los comportamientos y la procedencia de los fondos son diferentes. Los inspectores y auditores fiscales deben conocer las diferencias para poder alertar consecuentemente a la autoridad competente.

 

Fuente: Todosistemas

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